Las stablecoins se han convertido silenciosamente en un componente crucial de la infraestructura financiera global, con volúmenes de transacciones que superaron los 33 billones de dólares en 2025, lo que representa un aumento del 72 % respecto al año anterior. Este auge destaca el cambio del enfoque en la capitalización de mercado hacia la velocidad, ya que las stablecoins se utilizan cada vez más para liquidaciones, pagos y funciones de tesorería. América Latina, en particular, ha adoptado las stablecoins como una cobertura contra la volatilidad de las monedas locales, con Argentina y Brasil liderando la actividad en cadena. A medida que las stablecoins se integran en los sistemas financieros, los emisores, intercambios y servicios de custodia están capturando ingresos significativos a través de la gestión de reservas y las comisiones por transacción. Tether, por ejemplo, se ha convertido en una de las empresas más rentables por empleado. El desafío continuo radica en alinear los incentivos para garantizar que los usuarios, que impulsan la actividad económica, también se beneficien del valor generado por las transacciones con stablecoins. La evolución de las stablecoins hacia una infraestructura invisible marca una nueva era en las finanzas digitales, con el enfoque ahora en quién controlará y se beneficiará de este ecosistema en auge.