Arabia Saudita ha suspendido las operaciones en múltiples instalaciones petroleras tras ataques atribuidos a Irán. Los incidentes han provocado una interrupción significativa, con una pérdida de 600,000 barriles por día en la producción de petróleo y una reducción de 700,000 barriles por día en el flujo de los oleoductos. Este desarrollo representa un impacto crítico en la cadena de suministro global de petróleo, destacando las tensiones geopolíticas continuas en la región.