El fundador de OpenAI, Sam Altman, ha enfatizado la necesidad de una distribución democrática del poder de la IA, advirtiendo contra su concentración en pocas instituciones. Altman reconoció los temores sociales en torno al rápido desarrollo de la IA, destacando los desafíos sistémicos que plantea el cambio tecnológico. Aboga por la democratización tecnológica y las restricciones institucionales para abordar estas preocupaciones. A raíz de un reciente ataque incendiario a su residencia, Altman admitió haber subestimado el impacto de las narrativas públicas y las emociones relacionadas con la ansiedad por la IA. También abordó problemas pasados de gobernanza corporativa, pidiendo disculpas por errores y reafirmando su decisión de rechazar las demandas de Elon Musk para controlar OpenAI, asegurando el desarrollo independiente de la empresa.