Kevin Warsh ha sido oficialmente juramentado como el nuevo presidente de la Reserva Federal, tras su nombramiento por el presidente Trump. Este movimiento coloca a Trump en una posición de responsabilidad directa por el desempeño de la economía estadounidense, ya que las políticas de Warsh son vistas como una extensión de la "Economía Trump." Estados Unidos enfrenta presiones económicas significativas, con una tasa hipotecaria a 30 años que supera el 6.5%, una inflación del PCE del 3.5% y precios de la gasolina que promedian más de $4.55 por galón. El nombramiento de Warsh llega en un momento de crecientes preocupaciones del mercado sobre la inflación y posibles aumentos en las tasas de interés, lo que podría afectar las perspectivas republicanas en las próximas elecciones de medio término. Warsh ha expresado una preferencia por reducir la orientación futura y aumentar la incertidumbre en la política, una postura que ha llevado al nivel más alto de votos disidentes en la reunión de la Fed en abril en casi tres décadas, destacando divisiones internas.