Kevin Warsh, el recién nombrado presidente de la Reserva Federal, ha posicionado a la inteligencia artificial como una fuerza clave de desinflación, sugiriendo que podría reducir significativamente los costos en diversas industrias. Juramentado el 22 de mayo de 2026, Warsh, nominado por el presidente Trump, sostiene que la IA podría remodelar la economía estadounidense de manera similar al auge de productividad de los años 90, cuando los avances tecnológicos llevaron a un aumento en la producción y a precios estables. La postura de Warsh, que establece paralelismos con el enfoque de Alan Greenspan durante los años 90, sugiere un marco de política que anticipa las condiciones económicas futuras en lugar de reaccionar a los datos actuales. Sin embargo, algunos colegas de la Reserva Federal permanecen escépticos, citando desafíos persistentes como los aranceles y los costos energéticos. La estrategia prospectiva de Warsh podría influir en las decisiones sobre las tasas de interés, potencialmente conduciendo a recortes si se materializa la desinflación impulsada por la IA, aunque persiste la cautela entre los funcionarios de la Fed.