La evolución histórica del modelo de red de Visa ofrece valiosas lecciones para abordar la fragmentación actual en el mercado de stablecoins. En la década de 1960, la industria de las tarjetas de crédito enfrentaba desafíos similares, con bancos que operaban redes independientes y tenían dificultades con los asentamientos interbancarios. El éxito de Visa radicó en crear una red global y cooperativa que unificó a los bancos, permitiéndoles beneficiarse de una infraestructura compartida y de los efectos de red. Hoy en día, el mercado de stablecoins está fragmentado, con más de 300 stablecoins listadas en plataformas como Defillama, cada una limitada a su propio ecosistema. Esta fragmentación dificulta la adopción masiva, ya que la liquidez está dispersa entre numerosos tokens. La solución podría estar en adoptar un modelo similar al de Visa, donde organizaciones independientes de terceros gestionen stablecoins a través de categorías de activos, permitiendo que los emisores se unan a cooperativas y se beneficien de la liquidez compartida y los derechos de gobernanza. Este enfoque podría fomentar la adopción generalizada e integración de las stablecoins, tal como hizo Visa con las tarjetas de crédito.