El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de EE. UU. se disparó a un 3,8 % en abril, marcando su nivel más alto en tres años, impulsado por tensiones geopolíticas y la expansión de la infraestructura de IA. Los economistas advierten que este aumento inflacionario es un choque sistémico de costos, no solo una crisis energética. Los precios de la gasolina se dispararon un 28,4 % interanual, mientras que los precios del combustible aumentaron un 54,3 %. Los costos de alimentos y electricidad también aumentaron significativamente, exacerbando la tensión económica. La economista jefe de KPMG, Diane Swonk, destacó el amplio impacto en las cadenas de suministro, señalando que la escasez de diésel está inflando los costos en la agricultura y la logística. La construcción de centros de datos de IA está ejerciendo una presión adicional sobre los suministros de chips, helio y energía. A medida que la inflación erosiona los ingresos reales, los analistas sugieren que la Reserva Federal enfrenta un dilema: aumentar las tasas de interés podría debilitar el mercado laboral, mientras que mantener las tasas bajas podría prolongar la inflación. Se anticipa que Kevin Warsh, posible sucesor de Jerome Powell como presidente de la Fed, navegue este desafiante panorama de políticas.