Un análisis reciente de las prácticas de vigilancia en Irán subraya las implicaciones más amplias del monitoreo estatal sobre las libertades individuales. El artículo sostiene que calificar la vigilancia simplemente como "distópica" no aborda el problema real: el desequilibrio de poder que crea entre el Estado y sus ciudadanos. En Irán, la vigilancia restringe la capacidad de los individuos para desafiar el statu quo político, lo que potencialmente permite a los regímenes mantener el poder indefinidamente con un apoyo público mínimo. La discusión se extiende a las prácticas de vigilancia global, contrastando el control localizado que se observa en países como Irán, Rusia y China con el alcance más amplio de las naciones occidentales. Mientras que los primeros ejercen un control estricto dentro de sus fronteras, la vigilancia occidental a menudo se extiende a nivel global, afectando a individuos en regiones donde estos países no tienen presencia directa. Este alcance global genera preocupaciones sobre la privacidad y el potencial de influencia extranjera en asuntos internos, destacando la necesidad de un diálogo internacional sobre los derechos de privacidad y la responsabilidad democrática.