El tráfico a través del Estrecho de Ormuz casi se ha detenido por completo, desencadenando lo que se describe como la crisis energética más grave desde la década de 1970. La interrupción en este paso marítimo crítico, que es una ruta clave para los envíos globales de petróleo, ha generado preocupaciones significativas sobre la estabilidad del suministro energético a nivel mundial. La situación ha provocado discusiones urgentes entre líderes internacionales y los mercados energéticos están reaccionando con una volatilidad aumentada.