El cierre del Estrecho de Ormuz ha provocado interrupciones significativas en el suministro de energía, con los precios del crudo Brent aumentando a aproximadamente 83 dólares por barril y el gas natural TTF holandés disparándose un 50% hasta los 55 dólares. Los intercambios de misiles en todo el Golfo han provocado ataques a refinerías y la paralización de la producción, lo que ha llevado a las compañías de seguros marítimos a retirarse. En respuesta, Estados Unidos está considerando desplegar el DFC para seguros y escoltas navales. El shock energético está afectando la cadena de suministro de IA y tecnología, impactando notablemente a Corea del Sur, que depende en gran medida de la energía importada. El índice KOSPI ha caído un 20% desde su pico. A pesar de la agitación, Bitcoin ha demostrado una relativa resistencia en comparación con otros activos de riesgo, pudiendo servir como un indicador de estabilización del sentimiento del mercado en medio de la volatilidad continua.