Las stablecoins están transformándose de activos especulativos a infraestructura financiera esencial, remodelando la liquidez global y los pagos transfronterizos. Estos tokens digitales, vinculados a monedas como el dólar estadounidense, permiten transferencias de dinero rápidas y confiables, desafiando a los sistemas bancarios tradicionales. El auge de las stablecoins se caracteriza por su integración en aplicaciones fintech, sistemas globales de nómina y neobancos, respaldados por regulaciones como MiCA en Europa y la Ley GENIUS. En el sector de las remesas, las stablecoins ofrecen una ventaja significativa al reducir costos y retrasos asociados con las transferencias internacionales. Permiten la transferencia instantánea de valor entre cadenas, eliminando intermediarios y habilitando la programabilidad en las finanzas. Las stablecoins en moneda local también están ganando terreno, con países como Sudáfrica lanzando tokens respaldados por el rand para facilitar el comercio interno y reducir el riesgo cambiario. A pesar de esta tendencia, las stablecoins respaldadas por el dólar siguen siendo el activo de reserva global en la cadena, proporcionando liquidez a las economías regionales.