Neira, arquitecto de los productos financieros tokenizados de Tempo, enfatizó que el impacto macrofinanciero de las stablecoins orientadas a pagos está determinado por la asignación de los activos de reserva más que por la capa tecnológica. Según Neira, si las reservas fluyen hacia depósitos bancarios, pueden reestructurar el sistema bancario. Las inversiones en bonos del Tesoro a corto plazo pueden suprimir los rendimientos, con datos del BIS que indican que cada unidad de entrada neta reduce los rendimientos de los bonos del Tesoro a tres meses entre 2.5 y 3.5 puntos básicos. Las reservas mantenidas en los bancos centrales se asemejan al "dinero de banca estrecha". En los pagos transfronterizos, las stablecoins funcionan como un negocio de conversión de divisas, siendo el principal desafío la capacidad crediticia preaprobada de la contraparte en el destino, más que la velocidad de las liquidaciones en cadena. Neira sugiere que el enfoque regulatorio debería centrarse en monitorear los destinos de las reservas y el volumen neto de emisión, en lugar de la capitalización de mercado.