El mercado de crédito privado está bajo escrutinio debido a sus prácticas opacas y al potencial de que pérdidas financieras significativas sean trasladadas a inversores comunes. Los desarrollos recientes han destacado la tendencia del mercado a ocultar riesgos hasta que se vuelven irreversibles, como lo demuestra la abrupta reducción a cero del valor de dos préstamos de crédito privado por parte de BlackRock. Esta acción subraya las preocupaciones sobre incentivos desalineados dentro de la industria. Desde la crisis financiera de 2008, el crédito privado ha crecido de 46 mil millones de dólares a aproximadamente 2 billones, en gran parte debido a cambios regulatorios que alentaron a instituciones no bancarias a cubrir los vacíos de préstamos dejados por los bancos tradicionales. Sin embargo, este crecimiento ha venido acompañado de una falta de transparencia y responsabilidad, con pérdidas que podrían afectar a los titulares de pólizas de seguro de vida y a los beneficiarios de pensiones. El aumento de los ETFs de crédito privado ha agravado aún más el problema, transfiriendo riesgos de activos ilíquidos a inversores minoristas. La expansión del mercado en la financiación de infraestructura de IA, como el acuerdo de 27 mil millones de dólares de Meta para un centro de datos, resalta los riesgos sistémicos que plantea el crédito privado. Los críticos argumentan que la financiarización de la IA y la automatización, financiada con las pensiones de trabajadores comunes, podría en última instancia reemplazar los mismos empleos de los que dependen estos trabajadores, creando un ciclo de desplazamiento económico y supresión del valor laboral.