JPMorgan y Goldman Sachs han elevado sus objetivos de precio del oro, citando un aumento en las compras de los bancos centrales y la demanda de cobertura contra riesgos macroeconómicos. Este movimiento subraya el renovado papel del oro como un activo de reserva central a largo plazo. Las revisiones de los bancos reflejan cambios estructurales más amplios, incluyendo modificaciones en la credibilidad de la política monetaria y riesgos geopolíticos, en lugar de dinámicas de mercado a corto plazo. Este desarrollo plantea interrogantes sobre la capacidad de las finanzas en cadena para respaldar activos de reserva. Mientras las finanzas tradicionales reafirman la importancia estratégica del oro, el mundo en cadena enfrenta desafíos para establecer una "Capa de Reserva" robusta de activos tokenizados. Esta capa debe cumplir con estrictos estándares en cuanto a estructura legal, cumplimiento regulatorio y estabilidad operativa para servir como un ancla de valor confiable en ciclos de mercado variables.