En 2026, los inversores están redefiniendo el concepto de escasez para activos como Bitcoin, oro y plata, yendo más allá de las limitaciones tradicionales de oferta. Este cambio implica considerar factores como la dinámica de la demanda, la utilidad, las influencias macroeconómicas y el comportamiento de los inversores. Para Bitcoin, la escasez ya no se limita solo a su límite de 21 millones de monedas, sino que también incluye la adopción institucional, la claridad regulatoria y los avances tecnológicos como las mejoras en la escalabilidad. Estos factores contribuyen a una percepción de mayor escasez a medida que más inversores mantienen Bitcoin a largo plazo, reduciendo su oferta circulante. El oro y la plata también están experimentando una reevaluación de la escasez. Históricamente valorados como reservas de riqueza y coberturas contra la inflación, estos metales ahora enfrentan demandas industriales cambiantes y esfuerzos de tokenización digital. El papel dual de la plata como metal industrial y reserva de valor añade complejidad, con la demanda de tecnologías de energía limpia que potencialmente ajusta la oferta y eleva los precios. Esta comprensión evolutiva de la escasez impacta la construcción de carteras, requiriendo que los inversores consideren factores más amplios como la elasticidad de la demanda, la utilidad y las condiciones macroeconómicas al evaluar el valor de los activos.