Los precios del oro han experimentado su mayor caída semanal en 43 años, descendiendo un 11% hasta los 4,488 dólares por onza. Esta caída significativa se atribuye a las crecientes tensiones derivadas del conflicto en Irán, las preocupaciones sobre la posible pausa en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal y las interrupciones en el suministro de petróleo en Medio Oriente, que en conjunto han socavado el papel tradicional del oro como activo refugio.