Los principales bancos centrales, incluidos la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, han adoptado una postura de "esperar y ver" mientras los mercados globales enfrentan riesgos de estanflación. Con los precios de la energía impulsando la inflación y el crecimiento económico divergiendo, estas instituciones dudan en señalar las futuras direcciones de política. Estados Unidos reportó un crecimiento del PIB del 2% en el primer trimestre, mientras que la inflación aumentó al 3,5%, el nivel más alto en casi tres años. De manera similar, el PIB de la Eurozona se estancó mientras la inflación repuntaba al 3%. Las tensiones geopolíticas, particularmente en Medio Oriente, aumentan la incertidumbre, con posibles interrupciones en el Estrecho de Ormuz. Este entorno complica las decisiones de los bancos centrales sobre las tasas de interés, ya que mantener tasas altas podría desacelerar aún más las economías, mientras que bajarlas podría reavivar la inflación. El mercado de bonos refleja estas preocupaciones, con los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. aumentando a medida que se revalúan los riesgos de estanflación. En el mercado de criptomonedas, Bitcoin se beneficia del sentimiento de riesgo, pero la volatilidad podría aumentar si los mercados globales se inclinan hacia la estanflación.