Ha surgido una discusión reciente sobre el equilibrio entre los derechos de voto y los beneficios humanitarios de la migración masiva. El argumento sugiere que, aunque los derechos de voto iguales son importantes, las ventajas éticas y económicas de fronteras abiertas o bajas podrían justificar un enfoque más flexible hacia la participación política. Esta perspectiva destaca el potencial de mejoras significativas en los niveles de vida de los migrantes, con salarios que podrían aumentar de $2,000 a $8,000 por año, ofreciendo beneficios transformadores para las familias. El debate también considera la responsabilidad hacia las personas en países políticamente inestables, presentando cuatro opciones: permitir la migración, proporcionar recursos, mejorar las instituciones locales o rendirse. Los críticos argumentan que mejorar las instituciones a menudo enfrenta resistencia de élites arraigadas, mientras que la migración ofrece una solución viable sin agotar las oportunidades de los países de origen. La evidencia sugiere que los migrantes contribuyen positivamente enviando remesas y regresando con nuevas ideas, fomentando avances políticos y sociales en sus países de origen.