Los críticos argumentan que, aunque la criptomoneda tiene el potencial de ayudar significativamente a los refugiados, la industria en gran medida pasa por alto a este grupo demográfico debido a un enfoque en la rentabilidad. La crítica destaca que muchos proyectos de criptomonedas priorizan desarrollos que atienden a inversiones de alto rendimiento en lugar de aplicaciones humanitarias. Esta perspectiva sugiere una brecha en el mercado donde la criptomoneda podría usarse para proporcionar servicios financieros a los refugiados, quienes a menudo carecen de acceso a los sistemas bancarios tradicionales, pero no son vistos como clientes lucrativos por los desarrolladores.