El concepto de "economía inteligente" de China, propuesto por primera vez por académicos de Guangxi en 1990, está ganando una tracción política significativa. El Informe de Trabajo del Gobierno 2025 del Consejo de Estado ha incluido, por primera vez, la economía inteligente como un objetivo central de desarrollo, enfatizando su papel en la integración de la inteligencia artificial (IA) en los sistemas existentes. Esto marca un cambio de la economía digital a un modelo económico impulsado por IA, caracterizado por operaciones basadas en datos y la colaboración entre humanos y máquinas. La economía inteligente, distinta de la economía digital, se considera una mejora, funcionando como el "cerebro" del sistema económico con capacidades para la percepción y toma de decisiones autónomas. La métrica Tokens Per Day (TPD) de China, que superó los 140 billones en marzo, destaca la escala de la actividad de IA. Sin embargo, medir la economía inteligente sigue siendo un desafío debido a la naturaleza integradora de la IA en diversas industrias. A nivel mundial, se están realizando esfuerzos para establecer marcos que evalúen el impacto económico de la IA, con las Naciones Unidas y varios países desarrollando cuentas satélite para este propósito.