China está implementando una política que exige una adopción agresiva de la inteligencia artificial sin que ello conlleve despidos. Fallos judiciales recientes han reforzado esta postura, con la autoridad de arbitraje de Pekín dictaminando que despedir empleados únicamente por automatización no es válido según la Ley de Contrato Laboral de China. A una empresa se le ordenó pagar 791,815 yuanes en compensación por tales despidos. De manera similar, el Tribunal Intermedio del Pueblo de Hangzhou falló en contra de una empresa que redujo el salario de un empleado en un 40 % y lo despidió tras una automatización parcial del trabajo. El Viceprimer Ministro He Lifeng ha dialogado con empleadores, destacando que la IA podría eliminar hasta el 30 % de los puestos. Sin embargo, China insiste en usar la IA para crear nuevos puestos en lugar de eliminar los existentes. Los medios estatales y el Ministerio de Recursos Humanos han reiterado este sentimiento, en contraste con los mercados occidentales donde los despidos impulsados por la IA son más comunes. Las empresas chinas que demuestren productividad impulsada por IA mientras mantienen su plantilla podrían recibir un trato regulatorio favorable, mientras que aquellas que reduzcan personal enfrentan riesgos legales.