Irán y Libia están enfrentando graves escaseces de energía agravadas por la proliferación de la minería de Bitcoin, que explota su electricidad fuertemente subsidiada. En Irán, donde el costo de la electricidad industrial es tan bajo como $0.01 por kilovatio-hora, la minería de Bitcoin ha aumentado considerablemente, consumiendo recursos energéticos significativos. A pesar de los esfuerzos gubernamentales para regular la industria, las operaciones mineras ilegales continúan prosperando, a menudo desviando electricidad de servicios esenciales como hospitales y escuelas. Libia enfrenta una situación similar, con la electricidad a un precio de solo $0.004 por kilovatio-hora debido a los subsidios gubernamentales. Esto ha convertido al país en un refugio para equipos de minería obsoletos, que siguen siendo rentables a pesar de su ineficiencia. Las actividades mineras, a menudo realizadas en sitios industriales abandonados, consumen alrededor del 2% de la electricidad total de Libia, lo que agrava aún más una red eléctrica ya frágil. Ambos países ilustran la compleja interacción entre la política energética y la minería de criptomonedas, destacando los desafíos de gestionar los recursos públicos frente a las presiones económicas y tecnológicas.