Las altcoins están experimentando una crisis de identidad, ya que ya no se las considera herramientas claras para la captura de valor y la alineación de incentivos. Sus mecanismos de emisión están bajo un escrutinio más estricto. El mercado está cambiando su preferencia hacia proyectos defensivos con capacidades de ingresos, licencias y distribución. Regiones como América Latina, con caminos regulatorios claros, están ganando atención. La industria no está siendo abandonada, sino que está atravesando una recalibración del paradigma. Los inversores están elevando sus estándares, exigiendo usuarios reales y soporte fundamental, a medida que las narrativas especulativas disminuyen y regresan las estrategias a largo plazo.