Para 2026, los metales industriales como el cobre, el aluminio, el estaño y el níquel están destinados a impulsar un nuevo superciclo, impulsado por su papel crítico en la revolución de la inteligencia artificial. Como base de la infraestructura de IA, estos metales ya no se consideran acciones cíclicas tradicionales, sino componentes esenciales en la transición hacia un nuevo medio energético. El cobre, vital para la potencia informática, enfrenta desafíos de suministro debido a la disminución de las leyes del mineral, mientras que el aluminio se beneficia de su papel en la reducción de peso y el almacenamiento de energía, especialmente en vehículos eléctricos. El estaño, crucial para el empaquetado de semiconductores, está experimentando un aumento en la demanda debido a la mayor complejidad en la arquitectura del hardware, mientras que el níquel recupera protagonismo con el auge de las baterías con alto contenido de níquel. La escasez de estos recursos, junto con las tensiones geopolíticas y las transiciones energéticas, está impulsando una reevaluación de su valor de mercado. Las estrategias de inversión están cambiando de la especulación de precios a corto plazo a asegurar estos recursos escasos, con empresas como Freeport-McMoRan y Alcoa posicionadas para capitalizar estas tendencias.