En los últimos tres años, la inteligencia artificial (IA) ha evolucionado de ser una novedad a convertirse en una parte integral de la vida diaria y las operaciones comerciales. Inicialmente, aplicaciones de IA como ChatGPT y Midjourney se utilizaban principalmente para mostrar capacidades, enfocándose en el chat, la generación de imágenes y el entretenimiento. Sin embargo, el panorama ha cambiado significativamente, ya que la IA se ha integrado en aplicaciones establecidas, transformándolas en plataformas impulsadas por IA como CapCut y Canva, que ahora consideran la IA como una infraestructura central en lugar de una simple función. En la fase más reciente, la IA ha comenzado a realizar tareas de manera autónoma, yendo más allá de la generación de contenido hacia la automatización y ejecución de tareas. Este cambio se ejemplifica con agentes de IA como OpenClaw, que pueden descomponer tareas y ejecutarlas de forma independiente. Paralelamente, la IA está cada vez más involucrada en el desarrollo de productos, con herramientas como Vibe Coding que permiten a la IA construir productos basados en objetivos definidos por humanos. A medida que la IA avanza hacia la ejecución de tareas, su integración con las tecnologías Web3 se vuelve crucial. Web3 ofrece una infraestructura descentralizada que permite a la IA manejar transacciones y liquidaciones de manera autónoma, aprovechando la naturaleza inmutable y auditable de la cadena de bloques. Esta sinergia entre la IA y Web3 está preparada para redefinir la estructura fundamental de internet, desplazando la confianza de las plataformas hacia reglas programables.