En un hecho histórico, la inteligencia artificial se ha desplegado a gran escala en las operaciones militares entre Estados Unidos e Israel contra Irán, marcando lo que algunos llaman la primera "guerra de IA". Las herramientas de IA han mejorado significativamente la eficiencia militar, ayudando en la recopilación de inteligencia, la selección de objetivos y la planificación de misiones. La tecnología permite un procesamiento rápido de datos, la identificación de objetivos y la optimización de recursos, aunque también pone de manifiesto los riesgos de errores y la dependencia excesiva en la toma de decisiones por parte de máquinas. La integración de la IA en las operaciones militares ha transformado el procesamiento de inteligencia, permitiendo el análisis de grandes cantidades de datos que los analistas humanos no podrían manejar solos. Las agencias de inteligencia israelíes han utilizado la IA para monitorear las cámaras de tráfico de Teherán e interceptar comunicaciones, extrayendo información útil de enormes volúmenes de datos. Además, la IA ha acelerado la planificación de misiones, reduciendo el tiempo requerido de semanas a días al adaptarse rápidamente a los cambios en los detalles operativos. A pesar de sus ventajas, la IA en la guerra presenta riesgos significativos. Los errores en los sistemas de IA pueden conducir a resultados catastróficos, como víctimas civiles, y existe preocupación por la dependencia excesiva de la IA para la toma de decisiones. Los expertos enfatizan la necesidad de salvaguardas e inversión en infraestructura para mitigar estos riesgos, subrayando el papel insustituible del juicio humano en las operaciones militares.