La inteligencia artificial y la robótica están a punto de provocar el mayor choque desinflacionario de la historia, ya que no solo cubren las brechas de productividad dejadas por una fuerza laboral envejecida, sino que también reducen los costos en diversos sectores. Los vehículos autónomos, que antes se limitaban a ciudades de prueba, ahora operan flotas comerciales en todo Estados Unidos, afectando a las industrias de viajes compartidos y taxis al reemplazar a los conductores humanos que requieren descanso y salarios. Este cambio tecnológico se está adoptando a un ritmo sin precedentes, recordando el impacto económico cuando China se unió a la OMC e introdujo mano de obra barata en el mercado global. La rápida aceptación de la inteligencia artificial y la robótica está impulsada por la necesidad, ya que hay pocas alternativas para satisfacer las demandas de las economías modernas.